Cuando hablamos de duelo, solemos pensar en la muerte de un ser querido y en las expresiones visibles del dolor: lágrimas, rituales, apoyo social. Pero no todos los duelos son reconocidos de la misma forma. Existen pérdidas profundas que se viven en silencio, y a veces también sin permiso externo para expresarlas. Existen duelos invisibles y, dentro de estos, incluso duelos desautorizados, que pueden ser mucho más crueles y generar más sufrimiento que los primeros. Pero vamos a empezar por el principio.
¿Qué es un duelo invisible?
El duelo invisible se refiere a cualquier proceso de duelo que no se reconoce fácilmente desde fuera, ya sea porque la pérdida no es evidente, porque la persona no expresa su dolor, o porque socialmente no se asocia con la idea de «duelo». Puede tratarse de pérdidas que no encajan en lo que la sociedad considera «duelable» o de personas que, por diferentes motivos, no pueden expresar abiertamente su dolor. En muchos casos suponen la pérdida de algo que nunca llegó a producirse y es la frustración de esas expectativas, más que la conexión emocional con una persona, ser o cosa real lo que nos produce sufrimiento. Por ejemplo, el duelo migratorio puede ser muy invisibilizado cuando nos mudamos a algún sitio al que teníamos muchas ganas de ir. De algún modo conseguimos lo que queríamos y no nos planteamos que podamos sentirnos mal. Sin embargo, podemos duelar lo que dejamos atrás, nuestro idioma, nuestra comida, el clima…
El duelo puede ser invisible porque a nivel cultural no se contempla sentirse mal por según qué cosas, pero a veces puede ser cosa nuestra y tener relación con nuestras creencias. Puede hacerse invisible porque tu misma/o minimices tus sentimientos y no te des espacio para atravesar las emociones relacionadas con la pérdida. Puede ser incluso que estés pasando un duelo y no llegues a identificarlo. Sin embargo, los sentimientos están ahí. En estos casos podemos achacarlos a otras circunstancias o simplemente no entender qué nos pasa.
¿Y qué es un duelo desautorizado?: Cuando no te permiten sentir
Podría decirse que el duelo desautorizado es una forma del duelo invisible, e incluso a menudo se les nombra indistintamente. Aunque son muy parecidos, hay matices. Estos duelos invisibles se convierten en desautorizados cuando percibimos que nuestro entorno no va a entender que estamos mal por según qué pérdida. Sigue siendo invisible, pero además existe una idea de prohibición externa. Un caso muy claro es el de la pérdida de una relación no oficial o no bien vista socialmente. Por ejemplo, terminar la relación con un amante. Es muy probable que si estamos con alguien que tiene pareja o la tenemos nosotras/os y estamos cometiendo una infidelidad, la gente no acepte ese sufrimiento por la pérdida cuando la relación se acaba. Nuestro mundo emocional siempre es complejo y el hecho de saber que estamos haciendo algo mal, no opaca los sentimientos de tristeza por la pérdida. De este modo, se da un duelo desautorizado, marcado por la culpa y también la soledad, pues no encontramos la forma de sentirnos comprendidas/os.
Un duelo por una mascota, que en general puede ser invisible, puede llegar a percibirse como desautorizado si ha pasado mucho tiempo desde la pérdida y nos da vergüenza y pensamos que nos van a criticar si “seguimos estando mal” por lo mismo.
En general, este tipo de duelo puede generar una gran culpa, confusión y aislamiento emocional, ya que la persona siente que “no debería” estar sufriendo tanto, o que no tiene derecho a mostrar su dolor.
Las consecuencias de los duelos invisibles
Cuando un duelo no se reconoce ni se expresa se corre el riesgo de que se cronifique o se complique. El dolor se interioriza, se silencia, y puede manifestarse más adelante en forma de ansiedad, depresión, síntomas físicos o dificultades relacionales.
Además, la falta de reconocimiento social tiene un impacto profundo en la forma en que las personas se permiten a sí mismas vivir el duelo. Si no hay permiso externo, muchas veces tampoco hay permiso interno.
Por eso es fundamental dar visibilidad a estas formas de duelo, legitimar el dolor en todas sus expresiones y recordar que toda pérdida que duele merece ser acompañada.


