La autoestima no es una meta fija ni un rasgo con el que se nace o no se nace. Es una relación: la que tenemos con nosotras/os mismas/os. Igual que cualquier vínculo importante, necesita cuidado, escucha y tiempo. Cuando la autoestima se debilita, solemos vivir con una sensación constante de insuficiencia, de comparación o de duda interna que nos quita la energía. Y aunque es un malestar muy común, también es un territorio lleno de posibilidades de cambio. A continuación, te presento algunas ideas que pueden ser un punto de partida para mejorar tu baja autoestima.
Empezar por cuidar tu diálogo interno: ¿Cómo te hablas?
La mayoría de las personas que viven con baja autoestima comparten un patrón: un diálogo interno crítico, duro y dañino. A veces esa voz suena como una obligación (está llena de “deberías” para multitud de cosas), otras como una crítica (“no vales para esto”). No solemos cuestionarla, si no que nos creemos lo que dice y actuamos en consecuencia. ¿Y si empezamos a ponerlo en duda?
El primer paso es tomar conciencia, ya que suele venir de forma automática. El segundo es tomar distancia. Después podemos pasar del, por ejemplo, “soy tonta” al “ahora me ha venido el pensamiento de que soy tonta”. Entender que nuestros pensamientos no son verdades y que podemos separarnos de ellos es un gran cambio. Luego podemos pasar a darles la vuelta y entrenarnos para decir otra cosa alternativa que nos ayude. Por ejemplo, “me he equivocado en esto y no pasa nada, equivocarse de vez en cuando es normal”. Si nos cuesta hacer eso podemos preguntarnos: ¿Diría esto a alguien a quién quiero? o ¿Qué le diría a una amiga/o si la sorprendo hablándose a sí misma así?
Valorar los logros y entender los fracasos de forma realista
Muchas veces tendemos a minimizar lo conseguido catalogándolo como “haber tenido suerte” y también, al contrario, explicamos que nos salgan mal ciertas cosas por responsabilidad nuestra. Por ejemplo, me sale bien una entrevista de trabajo y consigo que me contraten. Entonces pienso cosas como: “la entrevistadora era maja” o “se presentó poca gente”, dejando la responsabilidad del logro en manos de algo externo e incontrolable. Sin embargo, una explicación más razonable y mejor para nuestra autoestima podría ser estar bien preparada o tener habilidades sociales y buen perfil profesional. Al contrario, si no nos diesen el trabajo, desde el filtro de la baja autoestima podríamos pensar: “me salió fatal la entrevista” o “no sirvo para esto”. Una vez más, algo más ajustado a la realidad y que pueda ser más positivo para nuestra autoestima simplemente podría ser pensar que se presentó mucha gente y que otras personas simplemente han encajado mejor.
Poner límites como autocuidado
Cuando cedemos siempre a lo que los demás quieren y “nos pasamos por encima” también estamos dando más importancia al otro que a nosotras/os mismas/os. Una baja autoestima también empieza a cambiar cuando nos ponemos en primer lugar. Aprender a decir que no y comunicarnos de forma más asertiva es clave para mejorar este aspecto.
Los límites no son muros, son caminos de ida y vuelta que definen cuánto espacio necesitas para sentirte segura/o. Cada vez que pones uno, envías a tu mente un mensaje importante: “mi opinión importa, mis necesidades también”. Y ese mensaje, repetido, fortalece tu autoconcepto.
Pedir ayuda
A veces la baja autoestima viene de heridas antiguas, de experiencias difíciles o de exigencias que arrasaron con tu seguridad. En esos casos, pedir ayuda profesional puede ser un punto de inflexión. La terapia te ofrece un espacio seguro para reconstruir tu valor personal, entender tus patrones y aprender a relacionarte contigo de una forma más amable.
Cuidar nuestra autoestima es un proceso con el que debemos comprometernos cada día. Si lo hacemos, poco a poco podremos empezar a sentirnos más seguras/os y felices.


