Psicología de emergencias: qué es, para qué sirve y por qué es tan importante

Psicología de emergencias

La psicología de emergencias es una rama de la psicología que se ocupa de las reacciones emocionales, cognitivas y conductuales que aparecen ante situaciones de crisis, desastres y eventos traumáticos. Su objetivo es reducir el sufrimiento psicológico inmediato, prevenir y reducir la aparición de sintomatología posterior y favorecer la recuperación y la resiliencia, tanto a nivel individual como comunitario.

Este enfoque no se limita a intervenir después de una tragedia: también busca preparar a personas, comunidades y equipos de respuesta para afrontar situaciones de crisis, dotándolos de herramientas que promuevan bienestar, reduzcan el impacto emocional y aumenten la propia sensación de autonomía y control.

En términos prácticos: la psicología de emergencias no solo responde a la emergencia, sino que intenta evitar, dentro de lo posible, que lo vivido se convierta en un problema psicológico a largo plazo.

Por qué la psicología de emergencias es clave hoy en España

En los últimos años España ha vivido múltiples situaciones críticas que han puesto de relieve la importancia de la atención psicológica en emergencias: accidentes colectivos, catástrofes naturales, crisis sanitarias y eventos climáticos extremos. Aunque cada emergencia es distinta, todos estos sucesos comparten un impacto emocional profundo que no siempre se atiende en la fase aguda.

Cuando ocurre un accidente multitudinario o una catastre natural de la magnitud que ha ocurrido en los últimos años, los equipos de respuesta se centran en la supervivencia de las personas, en su salud física y, en un momento posterior, en la reconstrucción de las zonas y reparación de lo dañado. Todo ello es importante y necesario, incluso urgente. Sin embargo, el impacto psicólogo en las víctimas directas e indirectas de estos eventos a veces pasa desapercibido. Intervenir en este sentido es clave para que las personas afectadas puedan tener un mejor pronóstico.  

Si no hay una atención psicológica adecuada y en el momento oportuno, aumenta el riesgo de desarrollar respuestas intensas como el trastorno por estrés agudo (TEA), que si no se maneja, puede evolucionar hacia trastorno por estrés postraumático (TEPT). En emergencias, intervenir dentro de los primeros días puede marcar la diferencia entre una recuperación natural y un proceso clínico crónico.

Cómo funciona la psicología de emergencias

La intervención en psicología de emergencias se caracteriza por ser breve, estructurada y centrada en la estabilización emocional. Algunas herramientas habituales son:

  • Primeros Auxilios Psicológicos (PAP): intervenciones tempranas orientadas a promover seguridad, calma, conexión social y sentido de control.
  • Defusing y debriefing estructurado: espacios de elaboración emocional de corta duración, utilizados con criterio clínico y adaptado según la situación.

Según una revisión sobre el impacto de los PAP tras exposiciones traumáticas, los estudios disponibles sugieren una reducción de ansiedad, depresión, síntomas de estrés postraumático y angustia, además de mejoras en sensación de seguridad y conectividad social entre adultos y jóvenes que recibieron la intervención. En otro estudio, se encontró que un protocolo específico de PAP produjo alivio inmediato del malestar emocional y una disminución de síntomas de estrés postraumático a corto plazo.

Estos datos muestran que la intervención temprana puede tener beneficios directos en el bienestar emocional inmediato y en algunos síntomas asociados al trauma.

Es importante dejar claro que la psicología de emergencias y las técnicas que se hacen dentro de este área no son sinónimos, ni sustitutivos, de la psicoterapia. La principal diferencia es que estas intervenciones se llevan a cabo desde los momentos inmediatamente posteriores a vivir el suceso traumático. Además, el principal objetivo va encaminado a reducir la activación emocional y recuperar la autonomía y no a hacer una elaboración profunda de lo ocurrido. De hecho, intentar esto último podría llevar a las personas víctimas a desestabilizarse todavía más y generar un daño psicológico mayor. Por este motivo es tan importante que la/el psicóloga/o que intervenga en este sentido tenga la formación adecuada y conocimientos específicos (no vale solo con dedicarse a la psicología).

Ejemplos recientes en España

Adamuz: la última tragedia que visibiliza la necesidad de atención psicológica

El accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) fue una emergencia con consecuencias humanas y emocionales devastadoras. Más allá de la atención sanitaria y logística, este tipo de sucesos genera una crisis psicológica colectiva que afecta a:

  • Personas directamente implicadas
  • Familiares y allegados
  • Testigos
  • Voluntariado
  • Equipos de emergencia y profesionales intervinientes

La creación de espacios psicológicamente seguros, donde poder expresar lo vivido y normalizar las reacciones emocionales resulta clave para la recuperación. Psicólogas de emergencias se movilizaron para atender a personas afectadas y familiares tanto en Madrid como en Córdoba.

La DANA en Valencia: una catástrofe climática

Las inundaciones provocadas por la DANA en la Comunidad Valenciana dejaron huellas más allá de lo material. Muchas personas han desarrollado:

  • Miedo persistente a la lluvia
  • Ansiedad ante alertas meteorológicas
  • Alteraciones del sueño y respuestas de hiperalerta

Cuando ocurrió esta tragedia psicólogas de emergencia acudieron a las zonas afectadas y atendieron a víctimas, familiares e incluso equipos de intervención. También se llevaron a cabo intervenciones telefónicas. Posteriormente, se sucedieron otras intervenciones, visibilizando la importancia de intervenir en psicología de emergencias, incluso pasado el tiempo. Por ejemplo, más de un año después del desastre, cuando se convocó a familias afectadas por la Dana a comparecer en el congreso. Las psicólogas allí presentes pudieron ayudar a los familiares a manejar su emoción, sostenerse y dar su relato de la mejor manera posible, minimizando el malestar emocional y aumentando la sensación de control.

Pandemia de COVID-19: una emergencia psicológica prolongada

Han pasado ya 6 años desde que comenzó la pandemia de COVID-19 y sin embargo sigue estando muy presente en nuestras vidas por el impacto que supuso en la sociedad. Esta pandemia dio lugar a una emergencia global sin precedentes modernos. En España, los efectos del confinamiento, las pérdidas humanas, los duelos sin despedida, la incertidumbre constante y el aislamiento social generaron un impacto emocional prolongado. Diversos estudios posteriores mostraron un aumento de ansiedad, depresión y síntomas relacionados con estrés en amplios sectores de la población, especialmente entre grupos vulnerables. Fue una experiencia que dejó claro que la atención psicológica no puede considerarse solo después de que pase lo peor, sino como parte integral de las políticas de salud pública.

De la reacción a la prevención en salud mental

Los ejemplos anteriores comparten un hilo común: las emergencias no solo afectan a la salud física o los daños materiales, también a la mente y a los vínculos sociales. Por eso, la psicología de emergencias debe integrarse desde una perspectiva preventiva que incluya:

  • Formación y autocuidado psicológico para equipos de emergencia
  • Protocolos de actuación psicosocial desde el inicio de la crisis
  • Planes comunitarios de preparación emocional
  • Acompañamiento psicológico más allá de la fase aguda
  • Educación a familias y redes de apoyo sobre señales de alerta

En otras palabras, la prevención psicológica no es un lujo, es una inversión en bienestar, resiliencia y cohesión social.

El problema de la psicología de emergencias: sistematizar la atención

Uno de los problemas a los que nos hemos enfrentado a lo largo del tiempo las psicólogas de emergencias es del que se valore esta profesión. Y no quería terminar este artículo sin hablar de algo tan importante.

Así como otras ramas de la psicología sanitaria son más «fáciles» para organizarse, las psicólogas en esta área solo tienen trabajo cuando hay una emergencia. No parece que exista un «cuerpo de psicólogas» contratadas por el estado que acudan cuando sea necesario o una solución similar. Sí es cierto que se ha puesto más en valor y ya hay más empresas especializadas que contratan a profesionales para intervenir. Sin embargo, queda mucho por hacer.

La mayor parte de estas atenciones se hacen como una forma de voluntariado y en muchos casos las hacen personas que han estudiado psicología, pero no tienen experiencia ni conocimientos en emergencia. Esto en muchas ocasiones ha tenido un doble efecto negativo. Por un lado, la incapacidad del profesional que se desplaza para sostener su malestar, además de su falta de conocimientos les puede llevar a realizar una mala atención. Por otro, las personas intervinientes pueden llegar a desarrollar sintomatología precisamente por la falta de experiencia y de autocuidado interviniendo.

Conclusión: cuidar la salud mental antes, durante y después

Hay que ser conscientes de que las personas que sufren este tipo de evento traumático se encuentran muy activadas emocionalmente en esos momentos. Esto significa que cualquier cosa que hagamos, para bien o para mal, probablemente tenga un efecto. Muchas personas que han sufrido estas circunstancias pueden recordar si alguien les habló de forma amable y les hizo sentirse acompañadas o, si por el contrario, les hicieron un comentario desafortunado que les llenó de más rabia o angustia. Estos recuerdos perduran a lo largo del tiempo y dan forma a la idea que tenemos de lo sufrido, generando más malestar o consiguiendo una sensación de comprensión en medio del horror. Por todo ello es tan importante intervenir bien, no solo intervenir.

Las crisis no terminan cuando se deja de hablar del accidente, cuando se ha recogido todo o cuando la sociedad ya está «a otra cosa». Al contrario, las secuelas emocionales pueden quedarse durante mucho tiempo. Y este impacto psicológico puede acompañarse, prevenirse y reducirse cuando la salud mental forma parte de la planificación y la respuesta.

La psicología de emergencias no solo acompaña el dolor: protege, previene y sostiene. Invertir en ella es apostar por una sociedad más preparada, más humana y con mayor capacidad de recuperación.

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