Vivir fuera de España: no es nostalgia, es duelo migratorio

Mano de una persona sosteniendo un avión de juguete, simbolizando el duelo migratorio

Irte a vivir fuera de España suele estar lleno de ilusión. Sobre todo, si lo has elegido tú y no te has visto “forzada/o” como pasa algunas ocasiones. Hay gente que se va a estudiar, a aprender inglés, a trabajar, etc. Es un nuevo comienzo, más oportunidades, otra forma de vida.

Y, sin embargo, hay algo de lo que casi no se habla y es que este cambio vital no siempre es tan fácil como parecía. Hay días en los que algo pesa, aunque “todo esté bien”: estás llevando a cabo una nueva aventura, que has decidido y programado con toda la ilusión, pero no se vive con toda esa alegría esperada.

Hay momentos en los que no sabes muy bien dónde estás —o incluso quién eres ahora. Y encima, parece que «no puedes quejarte”. Pero no, no solo es una cuestión de nostalgia o, como decimos en Galicia, morriña.

No es solo echar de menos

Puede que eches de menos a tu familia, la comida, el idioma, el sol o esa forma de relacionarte tan típica de tu país o de tu zona y tan diferente allí donde estás ahora. Cuando este “echar de menos” pesa demasiado y se prolonga en el tiempo, se llama duelo migratorio y, como cualquier duelo, consiste en el sufrimiento generado por una pérdida.

Pero el duelo migratorio va más allá. No es tan fácil de identificar y en parte es porque supone una pérdida múltiple:

    • De tu red de apoyo.

    • De lo familiar y lo cotidiano.

    • De tu identidad tal y como la conocías.

    • De la sensación de pertenencia.

Y lo más confuso: puede aparecer incluso cuando tú elegiste irte. Este detalle es importante, ya que en muchas ocasiones nos empuja a negárnoslo y quitarle importancia. O inlcuso a sentirnos culpables de ese sufrimiento.

Porque sí, puedes estar agradecida/o por la oportunidad… y a la vez sentirte triste, desubicada/o o sola/o. Los seres humanos somos así: una mezcla de sentimientos que experimentamos como contradictorios, pero que siempre tienen un sentido.

Un duelo invisible

El duelo migratorio es, muchas veces, un duelo invisible.

    • No hay un ritual que lo nombre.

    • No hay un entorno que lo valide.

    • No hay una pérdida concreta que los demás puedan ver.

Desde fuera, “todo está bien”. Estás viviendo en otro país, trabajando o estudiando, construyendo una vida.

Pero por dentro, algo puede sentirse roto, en pausa o en transición. Y eso hace que muchas personas lo vivan en silencio. Sin explicarlo. Sin compartirlo. Sin entender del todo qué les pasa.

Por qué cuesta reconocer el duelo migratorio

A veces cuesta reconocerlo porque parece que no “debería” doler.

“Pero si me fui porque quise.”
“Pero si estoy mejor aquí.”
“Pero si hay gente que lo tiene peor.”

El duelo migratorio no tiene que ver con arrepentirse. Tiene que ver con todo lo que has tenido que dejar atrás para construir una vida nueva. Y eso, inevitablemente, implica pérdidas.

Pero hay un matiz importante aquí: algunas pérdidas no se pueden recuperar. Por ejemplo, ver a tu familia todos los díás o levantarte con el paisaje de lugar en el que estabas. Pero otras cosas se pueden conservar, aunque sea de una forma transformada. Un ejemplo puede ser cocinar de vez en cuando alguna comida más típica de donde vivías antes o hablarle a tus nuevas amistades de tu país, de tus costumbres, etc.

En este sentido, se trata de encontrar el equilibrio entre tener la mente abierta a lo nuevo sin que esto supongo un rechazo a quien eras antes. O por decirlo de otro modo: honrar tu cultura, su sentido de pertenencia a tu lugar de origen y llevarlo contigo de la manera que puedas. En esto también ayuda hablar del tema y crear rutinas.

Identidad y adaptación: lo que cambia al vivir en el extranjero 

Migrar no es solo moverse de lugar. También implica atravesar una transformación interna.

Tus referencias cambian. Tu forma de relacionarte también. Incluso tu manera de entenderte a ti misma/o puede empezar a cambiar.

Y en ese proceso, es normal sentirse un poco perdida/o.

Sin embargo, hay algo que siempre se mantiene. Nuestra personalidad es algo bastante estable a lo largo del tiempo, aunque esta personalidad se ha ido construyendo en un entorno, idioma y cultura concreta. Este cambio puede vivirse como muy drástico y hacer tambalear esta sensación de quiénes somos y, a su vez, producir mucho malestar emocional. Está bien que una experiencia en el extranjero nos suponga un crecimiento. Y este crecimiento implica, necesariamente, cambios.

En este proceso estás un poco entre dos lugares:
El que fuiste… y el que estás construyendo.

“Debería estar bien”… pero no lo estás del todo

Una de las cosas que más pesa en el duelo migratorio es la dificultad para validarlo. Muchas personas sienten que no tienen derecho a sentirse mal, pero el dolor no funciona así. Que haya sido una decisión no lo hace más fácil y que haya cosas buenas no elimina lo que duele. Entrar en esa dinámica de pensamiento solo genera culpa, frustración y sentimientos de soledad. Y solo cuando nos escuchamos y nos aceptamos con nuestras emociones y nuestras aparentes incongruencias es cuando podemos empezar a transitarlo y sentirnos mejor.

Tampoco necesitas estar “fatal” para pedir apoyo.

¿Puede ayudarte la psicoterapia en un duelo migratorio?

A veces, lo que más ayuda es poder parar y entender qué te está pasando. Identificarlo, validarlo, experarlo y buscar nuevas formas de funcionar teniendo presente tu sentir.

La terapia puede ser un espacio donde:

    • Poner palabras a lo que estás sintiendo.

    • Dar sentido a esa sensación de desubicación.

    • Integrar lo que dejaste con lo que estás construyendo.

    • Reconectar contigo, más allá del lugar en el que estés.

Se trata de transitar este proceso con más calma y menos soledad.

Si estás viviendo esto, no tienes que hacerlo sola/o

Si estás viviendo fuera de España y algo de lo que has leído aquí te resuena, quizás no sea solo nostalgia. Es un tipo de duelo que también se puede trabajar con terapia de duelo online.

Puedes solicitar una primera sesión gratuita y hablaremos sobre cómo puedo ayudarte en este periodo de tu vida.

A veces, empezar a poner palabras es el primer paso para volver a sentirte en tu lugar.

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